Carmen Alvarez - Bailaora y Profesora de Baile

Escrito por Durita Holm, antropóloga de las Islas Feroes, basado en una entrevista con Carmen.

“Esto es tan fuerte, tan pasional; pone los bellos de punta. Me llena con anhelo, un anhelo indefinible por la pasión que ella expresa – quizás es simplemente una pasión por la vida …”
 
Este fue el comentario de María, mi amiga alemana, viendo a  Carmen bailar flamenco. Había traído a María a ver la actuación de Carmen porque sabía que ella siempre estaba buscando inspiración para sus pinturas. Después de la actuación, Maria dijo que esto le hizo querer hacer una serie de pinturas con flamenco como tema.

Cuéntame algo de tu pasado, Carmen.

Mi madre me llevó a la escuela de baile del barrio con cuatro años, y yo simplemente seguí. En Andalucía es muy común que las niñas pequeñas vayan a clases de baile, pero cuando se hacen un poco mayores y descubren sus propios intereses, la mayoría dejan de bailar. Pero yo no podía dejarlo – algo dentro de mí tenía que seguir bailando.

Cuando tenía catorce años,  fuí al Conservatorio de Danza de Málaga, donde continué durante ocho años más. Cuando terminé fuí a una audición a Madrid,  y surgió la oportunidad de ir con una compañía de baile. En este momento estaba trabajando como esteticista, y gastaba todo el dinero que ganaba en clases de baile flamenco. Pero cuando surgió esta oportunidad, me dije a mi misma: “¿Porqué tengo que trabajar en otras cosas para hacer lo que amo, porqué no puedo ganarme la vida con el baile? Y fué así como empezó mi vida profesional con el flamenco.

Vendí todo lo que tenía y me fuí a Madrid con esta compañía de baile, con la que más tarde estaría de gira en América del Sur. Cuando volví a Málaga empecé a recibir clases de baile contemporáneo. ¡Esto fue algo tan diferente del flamenco! Hay que ser muy ágil - en una coreografía bailábamos encima de bidones grandes y me caí muchas veces. Pero disfruté mucho esta forma de expresión totalmente libre, y sigo influenciada por ella.

Después de un año decidí que necesitaba otro cambio – quería ir a Inglaterra, quería aprender otro idioma y quería ir sola para bailar. Me quede por un año, primero en Londres donde hice varias actuaciones,  recibiendo buenas críticas, y luego en Liverpool.        

La siguiente parada fue Sevilla – quería aprender más, y mucho de los grandes maestros y bailaores estaban en Sevilla. Una noche vi bailar a Israel Galván, en la Bienal de Flamenco. Estaba bailando la Metamorfosis de Kafka, y me di cuenta que lo que estaba viendo era realmente una metamorfosis. Me dije que tenia que bailar con este bailaor, y en la siguiente Bienal dos años mas tarde,  formé parte de su compañía en Galvanicas. Después me fui a Granada a la escuela de Mario Maya, y cuando terminó el curso decidí que ya había recibido suficiente inspiración por ahora. Había llegado el momento de dejarme sentir mi propio arte flamenco.

¿Por qué decidiste quedarte aquí en Monachil?

Siempre me he sentido atraída por el “flamenco de la calle”, el flamenco que surge espontáneamente y en lugares pequeños e íntimos, y cuando vi esta cueva en Monachil sabía que era aquí donde quería quedarme. La experiencia de vivir en un pueblo como Monachil me hizo ver la belleza de lo sencillo. No quiero una escuela grande de flamenco como algunas de Sevilla y otras ciudades. Quiero algo pequeño y personal, pero muy especial. No me gusta esta gran comercialización del flamenco, sino algo mas honesto. Esto no quiere decir que todo tiene que estancarse. No tengo nada contra el nuevo flamenco, con la experimentación y fusión. Flamenco es evolución  y debe estar vivo.

¿Cómo sientes tú el flamenco?

Hoy en día hay mucha competitividad en el flamenco, mucho estrés y envidia. Pero para mí flamenco es tranquilidad. Quizás suene como una contradicción – flamenco es tan pasional y ahora digo que flamenco es tranquilidad. Pero cuando sientes una paz interior profunda, hay mucha más intensidad ahí que en el estrés o en la ambición. Cuando paro de pensar en cómo va mi baile, en qué pueden pensar los demás… y simplemente bailo, hasta que no se donde estoy, es allí donde realmente siento la energía y la pasión del flamenco. Espero que cuando la gente me vea bailar, reciba algo de eso, una sensación buena. No quiero ser una “estrella del flamenco”. Prefiero ser un canal, para que la gente que me vea bailar pueda sentir la pureza y profundidad del flamenco. Con esta base me gusta mucho improvisar cuando bailo, sin tener ni idea de lo que voy a hacer. El baile flamenco surge de la improvisación. 

…¿y como sientes  tu baile?

Mi enfoque en el baile nunca ha sido tanto en la técnica, sino más en el aspecto emocional de la expresión. Creo que es en esta dirección donde mi baile está evolucionando en los últimos años. Siempre busco el corazón de la música y del baile – el alma. Me gusta trasmitir las emociones que encuentro en la música y en el baile, y esto para mí puede ser una poderosa transformación. Flamenco es transformación. Cuando bailas flamenco te trasladas a otra dimensión de tí mismo. Lo que sale de allí es nuevo, algo que no te has dado cuenta que estaba allí. Es como ir a otro país y descubrir aspectos de tí que no sospechabas que estaban allí. Es muy liberador, te saca de la concepción que tú misma y los demás tienen de tí. A veces cuando bailo, por unos momentos desaparezco: no hay nada fijo, ninguna Carmen definida. Así entiendo la posibilidad de una verdadera metamorfosis.

¿Te gusta enseñar flamenco?

Disfruto mucho enseñando flamenco y especialmente a principiantes. En general esto es algo que se considera aburrido, porque hay que repetir las cosas sencillas muchas veces. Pero, por el contrario, yo encuentro muchísima inspiración en los principiantes. Traen consigo tanto entusiasmo, y ver como aprenden algo totalmente nuevo, la alegría que esto les da – esto es una inspiración grande para mí. Los principiantes también me hacen que yo misma no pierda esa sensación de ser principiante, la sensación que hay un mundo entero allí para descubrir.                           .

Ya ha pasado un año y tuve la oportunidad de ver las pinturas sobre flamenco que hizo mi amiga Maria. ¿Qué puedo decir? Es Carmen bailando – ¡pura pasión!

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